Hoy, aprovechando que el día tenía buen clima, al terminar
de comer y antes de irme de nuevo al trabajo, me senté en una mecedora en el
jardín de mi casa para cuidar un momento a mi pequeña nieta Sarilu, que denota
un inquietante derroche de energía. La subí al columpio y me dispuse a darle
vuelo. Entonces descubrí la esperanza columpiándose en su sonrisa de niña.
Dirigí la mirada hacia Don José, el jardinero que una vez a
la semana viene a darle mantenimiento al jardín y descubrí la paz descansando en la mirada de un
anciano, que lentamente recogía las hojas secas desechadas por los árboles.
Al voltear mis ojos hacia la puerta que da a la cocina,
descubrí el amor puro desbordando de los brazos de una madre, mi hija Dulce,
dándole de comer a mi otra nieta; Sofía.
Encontré la belleza encubierta en una canción, la calma
debajo de una nube, la alegría detrás de un rayo de sol. Y todo esto en mi
jardín.
Pude ver como la luz se trenzaba en los cabellos de mi
esposa Gely, al asomarse por la puerta para comprobar si la nena estaba bien
cuidada.
Me di cuenta de cómo la paciencia se ejercitaba en las
palabras de un padre, mi hijo Roge, que como un sabio aprendía de un joven sin
experiencia en su plática con mi nieto mayor.
Vi la gratitud en el canto de un pajarito que en rápido
movimiento, se desplazó de la rama del árbol al suelo y viceversa, después de
haber recogido una suculenta semilla.
También observe la sabiduría saliendo de las páginas del libro
que tenía en mis manos, y trasladé mí pensamiento hasta mi estudio y vi la
pasión dibujada en una pintura que estoy por terminar y escuche el consejo que
se escondía en el silencio de todos ellos, humanos y objetos que solo me
acompañaban con su presencia.
Vi notas musicales plasmadas en el viento al paso por entre
los árboles. Recordé la tristeza llamada felicidad, brotando de una lágrima que
se resistía a salir de los ojos de Deniss cuando le invade la nostalgia por
encontrarse lejos de nosotros.
Y termine viendo el cariño y el amor en los brazos de Diana,
mi otra hija, cuando al llegar a casa nos besa en la mejilla con ternura, en un
saludo que representa a toda la familia.
Y para disfrutar al máximo lo que estaba ocurriendo, cerré
mis ojos mortales y observe con los ojos del alma. Cerré mis oídos y escuche
con el sentimiento. Cerré la lógica y el entendimiento para tratar de
comprender con el corazón, toda la magnitud hermosa de mi existencia.
Hoy logre ver las cosas que muchas veces se esconden detrás
de lo que vemos pero no observamos, detrás de lo que oímos pero no escuchamos,
detrás de lo que nos pasa pero no experimentamos. Detrás de lo que hablamos
pero no sentimos, detrás de lo que pedimos pero nunca damos, detrás de lo que
queremos pero no buscamos.
Veo por fin la conjunción que hay entre nosotros y los
amigos, porque cuando se recibe de ellos una llamada, las fibras de todo el
cuerpo se disponen a recibir noticias esperadas de bienestar.
Hoy observo, siento, busco y experimento, hoy deje de
percibir solo con mis ojos y, hoy al fin pude realmente ver.